Millones de dólares, Menem y pistas falsas: el misterio del elector que se fugó una noche y dejó sin gobernador radical a Corrientes

Corría enero de 1993. El Colegio Electoral de Corrientes debía elegir gobernador en una provincia intervenida por el gobierno de Carlos Menem. Un hombre sería clave en esa votación para que un radical amigo se quedara con el cargo. Pero algo inesperado pasó: el dueño de aquel voto se esfumó.

Hace muchos años en la provincia de Corrientes un hombre huyó una noche. Era la clave para que la elección de gobernador quedara en manos de un amigo suyo. Todo estaba armado, nada podía evitar el resultado de la elección. Salvo lo que sucedió: que el dueño del aquel voto definitorio desapareció. Se esfumó.

Ramón Tabaré Bruzzo era su nombre. En Corrientes, era conocido por su apodo: le decían “El Tari”. Radical de toda la vida y colaborador de Noel Breard, un correligionario que estuvo a un paso de ser gobernador de la provincia mesopotámica.

En enero de 1993, el Colegio Electoral correntino debía elegir gobernador en una provincia intervenida por el gobierno nacional que comandaba Carlos Menem. La intervención de Corrientes estaba a cargo de Claudia Bello, funcionaria de confianza del entonces presidente.

El partido provincial Pacto Autonomista Liberal gobernaba Corrientes. En las elecciones compitió contra el radicalismo y el menemismo: consiguió los votos que le dieron el primer lugar en las elecciones, pero obtuvo 11 electores en el Colegio Electoral. El peronismo (en alianza con la Democracia Cristiana), que salió segundo, obtuvo 12 electores. Y la Unión Cívica Radical, 3.

Durante los primeros días de enero de 1993 el radicalismo había hecho un acuerdo con el Pacto Autonomista Liberal por el cual los electores de ambos partidos iban a ungir al radical Breard como gobernador correntino. Todo estaba encaminado hasta la noche anterior a la votación.

Los electores del peronismo no se presentaron a la elección como habían hecho en 1991, aunque eso no suponía un problema porque entre los radicales y los del Pacto conseguían la mitad más uno que les permitiría sesionar y elegir al radical Breard como gobernador.

A la ausencia de los electores peronistas se sumó la de Bruzzo. El viernes 15 de enero Bruzzo juró, se quedó con su diploma que lo convertía en elector y abandonó el recinto legislativo porque se había decretado un cuarto intermedio para que la votación se realizara al día siguiente.

Pero el hombre de extrema confianza de Breard no apareció. Se fue. No estaba. El escándalo por la huida del elector tomó dimensión nacional. Se señalaba al PJ como el artífice de la fuga de ese radical que tenía a su propio hijo trabajando en el despacho que Breard usaba en la Cámara de Diputados de la Nación.

En enero de 1993, el Colegio Electoral correntino debía elegir gobernador en una provincia intervenida por el gobierno nacional que comandaba Carlos Menem (NA)
En enero de 1993, el Colegio Electoral correntino debía elegir gobernador en una provincia intervenida por el gobierno nacional que comandaba Carlos Menem (NA)

No se pudo elegir gobernador y la provincia que había sido intervenida en febrero 1992, con Francisco Durañona y Vedia como enviado del Poder Ejecutivo. quedó bajo intervención federal hasta diciembre de 1993. El reemplazante de Bello, luego del escándalo de Bruzzo, fue el radical Ideler Tonelli a fines de 1993.

Este cronista fue enviado para intentar hallar a Bruzzo y así conocer los motivos de la fuga. Una tarea un tanto difícil porque el elector se había desvanecido. Bruzzo era una sombra.

Los correntinos lo buscaban. Y todos decían haberlo visto en alguna parte. Según los relatos de entonces pudo haber estado en dos o tres ciudades al mismo tiempo.

Un rumor lo ubicaba en determinada ciudad y allí, según las versiones que circularon, podía haber estado alojado en no menos de seis hoteles a la vez. Pero nadie lo había visto. Nadie habló con él.

En Corrientes capital explicaron por aquellos días que una etapa de su pasado tormentoso fue que lo había llevado a hacer lo que hizo. Las cifras que se barajaron como pago para que Bruzzo huyera variaban según los interlocutores. Se hablaba de un millón, dos millones o tres millones de dólares que había pagado el gobierno nacional para evitar que un radical se adueñara de Corrientes. Eran los años de un peso un dólar.

En aquella calurosa Corrientes de enero de 1993 todas eran versiones. Ante la mirada del que llegaba de afuera nada parecía ser cierto. Nada parecía ser exacto. Todo sonaba tan posible como imposible.

Los dirigentes políticos de los diferentes partidos tenían siempre a mano un argumento distinto y a la vez dudoso sobre lo que había sucedido con Bruzzo.

Ideler Tonelli llegó a fines de 1993 luego del escándalo en el Colegio electoral (Gentileza El Litoral)
Ideler Tonelli llegó a fines de 1993 luego del escándalo en el Colegio electoral (Gentileza El Litoral)

La noche del viernes 15 de enero de 1993, un día antes de la tocata y fuga del elector, alguien lo había visto dialogar en con un enviado del menemismo. Aquel encuentro que se situó en el bar Sir Lancelot, que era el centro de la noche correntina hace 26 años, fue el que dio lugar a la primera sospecha. Así se gestó el intento inicial de explicar por qué Bruzzo se había ido.

Cuenta la leyenda que también aquella noche previa a la votación y huida del elector, Breard y Bruzzo se estrecharon en un abrazo. “No te voy a fallar”, dicen que dijo Bruzzo quien sí le falló, y cómo. Se despidieron y el elector se fue. No votó. Dejó a su amigo sin la gobernación.

El jueves 21 de enero de 1993 Bruzzo dio la cara. Lo hizo mediante un video que envió al programa televisivo Hora Clave que conducía Mariano Grondona, donde se debatían todos los casos de actualidad. Dijo que otro elector radical le propuso pedir al justicialismo 10 millones de dólares de los cuales 5 eran para Breard y el resto lo repartían mitad y mitad entre ellos. También aseguró que un integrante de la fórmula del Pacto le había ofrecido un millón y medio de dólares para dar quórum en el colegio electoral y así elegir al candidato del partido provincial, el autonomista Raúl “Tato” Romero Feris. Nada de todo aquello se comprobó jamás.

Con el elector en retirada, fueron varios los que señalaron entonces que era cantado que Bruzzo iba a traicionar a Breard. Que se iba a vender. Que se sabía con anterioridad que algo rondaba al elector que finalmente se fue sin votar.

Lo cierto es que aquel sábado 16 por la noche, en la Legislatura, el Colegio Electoral estaba reunido y había una silla vacía. Una de las tantas explicaciones que circularon en aquel lejano enero de 1993 señaló que “El Tari” se había subido a un coche blanco. Pero otra persona lo había visto abordar una camioneta blanca con patente del Chaco munido de varias valijas. Vale la pena aclarar que en aquellos años los autos tenían patentes que identificaban su radicación en cada una de las provincias argentinas.

Se dijo que Bruzzo se había ido de Corrientes con su hijo “El Ñato” quien trabajaba con Breard en el Congreso y que compartía departamento en Buenos Aires con el frustrado gobernador.

Baruzzo aseguró en el programa de Mariano Grondona que un integrante de la fórmula del Pacto le había ofrecido un millón y medio de dólares para dar quórum en el colegio electoral y así elegir al candidato del partido provincial, el autonomista Raúl “Tato” Romero Feris (foto). Nada de todo aquello se comprobó jamás (Gentileza El Litoral)
Baruzzo aseguró en el programa de Mariano Grondona que un integrante de la fórmula del Pacto le había ofrecido un millón y medio de dólares para dar quórum en el colegio electoral y así elegir al candidato del partido provincial, el autonomista Raúl “Tato” Romero Feris (foto). Nada de todo aquello se comprobó jamás (Gentileza El Litoral)

Por entonces era imperioso hablar con alguien que pudiera explicar qué había sucedido. La única que dio la cara fue su esposa que había quedado en su casa del barrio Las Tejas. Era curiosa la situación. Mientras la mujer hablaba con este cronista, las versiones aseguraban que ella se había fugado también en un auto lleno de bolsos. Y que se había llevado hasta el perro.

Ni la mujer de Bruzzo ni su perro, un ovejero alemán llamado Malevo, se habían ido. En el garaje de la casa estaban abandonados un Peugeot 404 blanco y una moto. El auto era de Bruzzo padre y la moto, de su hijo.

Arreciaban los intentos por denigrar a Bruzzo. Sus detractores decían que “estaba aterosclerótico” o que “tenía problemas de plata” y que “toda su vida fue fracaso”. La mujer explicó esa tarde de enero de 1993, para contrarrestar aquellas descripciones, que “mi marido estaba deprimido”. En su defensa se había sumado también Florencia, la hija mayor de Bruzzo: “No les crean a los que dicen que mi papá está enfermo. Mi padre no se vendió, tampoco tenía deudas de juego como dicen. Lo que hizo mi padre fue como suicidarse por amor”.

Una de las tantas interpretaciones que se hicieron de aquella misteriosa huida sin dejar rastros fue que solo pudo hacerse con la participación de un político con muchos contactos en la zona. Y se señalaba al dirigente peronista que intervino el PJ correntino por aquellos turbulentos años: Vicente Joga, quien era el gobernador de Formosa cuando aún no había llegado al poder para quedarse Gildo Insfrán.

Aquella alegada participación de Joga -nunca probada, por cierto- hizo deducir que Bruzzo había encontrado refugio en Paraguay, un país a donde llegaban las influencias del gobernador formoseño. Uno de los destinos posibles de Bruzzo fue, a partir de la pista paraguaya, Asunción, la capital.

Pero el itinerario imaginario de Bruzzo tuvo tantos puntos como personas que lo contaron. Se dijo que se había encaminado hacia Resistencia, Chaco, junto a los electores peronistas que se fueron para no dar quórum. Lo situaron inclusive en el sótano del Hotel Covadonga en la capital chaqueña y relataron que allí mismo había recibido el inestimable agradecimiento menemista.

El desafío periodístico de entonces era hallar a Bruzzo. Para eso hubo que seguir un muy débil indicio que indicaba que el elector radical se había ido a Paraguay. En los mentideros políticos de Corrientes aseguraban que estaba alojado en una pequeña y coqueta hostería situada en un barrio de clase alta de Asunción. Se llamaba Bavaria y era atendida por alemanes.

En la recepción del hotel una empleada dijo conocer a Bruzzo a partir de ver una foto, recurso indispensable en una búsqueda periodística previa a la era digital. Había que llevar obligatoriamente una imagen papel del elector para lograr que lo identificaran.

El entusiasmo generado por la certera afirmación de la empleada de la hostería duró tan solo unos segundos ya que la misma persona agregó que ese hombre estaba alojado allí con su mujer, una hija y un hijo. Pero el elector había fugado sólo con su hijo. Y la mujer estaba en Corrientes donde había sido entrevistada.

Los escándalos del empate y los electores fueron un caso emblemático para el estudio de las elecciones indirectas en todo el mundo (Gentileza El Litoral)
Los escándalos del empate y los electores fueron un caso emblemático para el estudio de las elecciones indirectas en todo el mundo (Gentileza El Litoral)

La dueña del hotel, una mujer de unos 50 años que mezclaba alemán con guaraní, fue terminante: negó que Bruzzo fuera su huésped. Al otro día hubo que insistir porque la nueva y endeble pista aseguraba que Bruzzo efectivamente estaba alojado en la hostería germánica y que lo habían ocultado. Se había agregado un dato: el huésped de la habitación 14 era Bruzzo.

No había amanecido en Asunción cuando hubo que reclamar para que despertaran al pasajero alojado en la habitación 14. Lo hicieron y semi dormido contestó un señor austríaco que vacacionaba en Asunción. No era Bruzzo, por cierto, era un turista a quien un equipo periodístico le había arruinado los planes de dormir hasta el mediodía.

La dueña de la hostería hizo un esfuerzo y en un español dificultoso dijo que el austríaco “Me mandó a la puta”. La frase quedó incompleta pero se entendió perfectamente. No había cómo explicarle al austríaco que lo habían despertado al alba porque creyeron que era un elector correntino que había abandonado su puesto para una votación crucial en una provincia de un país vecino.

La misión periodística había fracasado con todo éxito. No se pudo hallar a Bruzzo. Paraguay, Uruguay y Brasil fueron tres de los lugares en los que se dijo que Bruzzo se había establecido. Inclusive que su familia lo había acompañado.

Pasaron muchos años hasta que se conoció algo de aquel misterioso elector que había abandonado su provincia. Fue en 2007 cuando murió de cáncer en la ciudad correntina de Goya.

Nadie pudo jamás explicar qué había sucedido.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *