Por el camino de la trashumancia

Del paraje  Barda Negra, Don Lorenzo Curipan,  junto a su familia salió hace exactamente 5 días, y aún le falta 8 para llegar a Quilca, sitio de veranada donde podrá alimentar a sus animales durante 3 meses.

 El esfuerzo es  descomunal, si se piensa que deja de tras las comodidades del hogar.  “Una buena cama para descansar los huesos a la anochecer” como él dice.  Lo acompañan sus hijos, un amigo de la familia, y la compañera de toda la vida doña Clementina Ramírez, quien además de oficiar de cocinera, ayuda a las chivas en su parición.  Cada vez que nace un chivito, lo va dejando detrás del camión para que puedan recuperar fuerzas.  Es que las chivas, aun preñadas vienen pariendo en el camino, y no se pueden dar el lujo de perder, ni un animal.

Las fiestas, desde que tiene recuerdo, nunca las paso en el hogar sino, viajando. “Cualquier lugar  servirá para pasar la noche mientras nos proteja del viento y la lluvia.  Amo a mis animales, y al campo” dice Lorenzo.  “Aunque ya jubilado, si me quedará en casa me iría apagándome de a poco. Esta aventura me da fuerzas, y sobre todo vida”.

La patrulla rural al paso de Lorenzo por Zapala, lo ayuda a transitar gran parte del camino para que no tenga inconvenientes. Con ellos, va también Néstor Montesino, conocido como “Chihuido” para los amigos. Quien trabaja para la  Secretaria de Desarrollo Territorial de la Provincia de Neuquén. Encargado del acompañamiento en la veranada para los crianceros de la zona. Cruzan la periferia de la ciudad, cada tanto un turista baja la velocidad  para sacar una foto. Otros, le desean suerte al arriero, y así el  arreo se pierde lentamente en el horizonte.  Esta noche, el mate y un pedazo de torta al rescoldo, delicia cocinada a las brasas, será la cena, ya que no hay más fuerzas hasta el otro día.

  Lorenzo dormirá debajo de las estrellas esta noche junto a su familia.  Mañana emprenderá el viaje.  La cordillera aun nevada se ve más cerca, promete agua abundante y frescos pastos.   Quien dice que de apoco el arriero vuelva a recuperar ese rebaño, de más de tres mil animales  que fue perdiendo durante  estos años, producto de las sequias y los malos pastos. Su rebaño, herencia que les dejara a sus hijos para que continúen  con esta tradición, la de la trashumancia Neuquina.

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