La intimidad de River tras el duro golpe en Tucumán: silencio, ojos vidriosos y la necesidad de salir adelante

“Hay que convivir con la derrota”. Esas palabras de Marcelo Gallardo en la conferencia de prensa posterior al empate -con sabor a derrota- contra Atlético Tucumán​ forman parte del mensaje que el entrenador le baja a su plantel. Sobre todo en este duro momento en el que perdió un campeonato en la última fecha y que, encima, quedó en manos de su eterno rival.

De todos modos, no hubo ninguna charla puntual ni específica. Desde el momento en que los jugadores ingresaron al vestuario, la mayoría estuvo callada. Solo hubo algunas palabras de aliento. Aunque no tantas porque no había muchas fuerzas. La ilusión por conseguir la Superliga ​era grande, estaba al alcance de la mano y se escapó al final. Entonces, el golpe es más duro. Y más aún después de haber tenido otro golpe similar hace menos de cuatro meses cuando cayó con Flamengo en Lima y no pudo conquistar nuevamente América, en noviembre del año pasado.

La fuerza del impacto es aún más grande si se piensa en que este plantel de River no está acostumbrado a estas caídas. La mayoría de estos jugadores fue parte de la conquista más importante de la historia del club: haberle ganado la final de la Copa Libertadores a Boca, de la que este lunes se cumplieron 15 meses.

Fiel al estilo de Gallardo, no se recostaron en los laureles y fueron por más. Y River fue competitivo hasta el final en todos los torneos siguientes. Obtuvo dos nuevos trofeos, la Recopa Sudamericana y la Copa Argentina, y se quedó en la orilla en la Libertadores y la Superliga. Entonces, el dolor de un equipo acostumbrado a sobreponerse en instancias decisivas agiganta el cráter. Y con eso también debe saber convivir.

A eso apunta el Muñeco para poder levantar a un plantel que masculla mucha bronca desde el sábado a la medianoche cuando se fue en fila india del José Fierro de Tucumán. Había -lógicamente- varias caras largas y algunos con los ojos vidriosos como Gonzalo Montiel y Lucas Martínez Quarta.

En el charter de vuelta a Buenos Aires la escena no cambió y una vez que arribaron al Monumental, los futbolistas agarraron sus autos y se dirigieron a sus casas. Quedaron liberados hasta este lunes a la mañana cuando retomaron el trabajo en el predio de Ezeiza. Hubo tareas físicas en el gimnasio y ejercicios regenerativos y de capacidad aeróbica.

Según pudo averiguar Clarín, no hubo reproches. El mensaje fue enfocarse en el trabajo porque a la vuelta de la esquina está el encuentro ante Binacional (el miércoles a las 19.15), clave para las aspiraciones del equipo en la fase de grupos de la Copa Libertadores.Mirá también

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No hay tiempo para detenerse. Ni tampoco para tirones de oreja. Son horas de aliento interno y de buscar nuevas motivaciones. En este contexto, la bronca por no ganar la Superliga tendrá que diluirse obligadamente con el paso de la competencia. Porque si River se queda con la cabeza en Tucumán estará complicado. Mirar hacia adelante es otro de los mandamientos del Muñeco.

“La Copa Libertadores va a ser difícil para nosotros”, admitió Gallardo. Es que River ya tuvo un traspié en Quito, donde tuvo que viajar con suplentes y juveniles por la definición de la Superliga y cayó 3-0. Entonces, empieza a estar urgido de resultados. Y obtenerlos de aquí en más será vital para que ayuden a la terapia de superar el mal trance de Tucumán.

FUENTE CLARIN

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