Murió el femicida Barreda: en 1992 había matado a su mujer, sus dos hijas y su suegra

Estuvo internado desde el 10 de marzo con problemas de próstata y un incipiente mal de Alzheimer.

Autor de una de las masacres más impactantes de las últimas décadas, Ricardo Alberto Barreda (84 ) murió este lunes en un geriátrico de José C. Paz, según confirmaron al diario Clarín fuentes sanitarias. El cuádruple femicida -en 1992 asesinó a sus dos hijas, a su esposa y a su suegra en una casona de La Plata​- estaba internado desde el 10 de marzo en el Hogar del Rosario de esa localidad del oeste del Gran Buenos Aires. Tenía problemas de próstata y una fase inicial de demencia senil. El certificado médico detalla con redacción directa: “muerte por paro cardiorespiratorio, a las 14.35”.

Se trata del final de una intensa historia oscura y decadente. El odontólogo platense pasó los últimos meses de su vida en el Hospital Castex, de San Martín, y luego en el asilo. Lo habían llevado al centro asistencial porque el dueño de una pensión donde vivía en San Martín, lo encontró tirado en el suelo, con un golpe en la cabeza.

En 2018, después de estar varios meses deambulando por los pasillos de un centro asistencial de General Pacheco, los médicos pidieron que lo retiraran. Consiguió una pensión de PAMI y con ese beneficio pudo acceder a la atención en el hogar de abuelos de José C. Paz.

Allí llegó justo una semana antes de que se declarara la cuarentena por el coronavirus en establecimientos cerrados y asilos. Casi no tenía contactos con personas fuera del plantel sanitario. En agosto del año pasado había entablado un vínculo con un escritor y actor, Pablo Martí, a quien le había pedido ayuda para escribir un libro sobre su vida.

Martí lo acompañó a realizar los trámites de admisión al centro ubicado en la calle Arias al 2.600 de José C. Paz. Al escritor -que alcanzó a grabar 40 horas de conversaciones con el cuádruple femicida- le avisaron de su muerte.

Barreda fue el responsable confeso de una matanza familiar impactante. El domingo 15 de noviembre de 1992, en su vivienda de 48 entre 11 y 12 de La Plata, asesinó con una escopeta Víctor Sarrasqueta a su esposa Gladys Margarita Mac Donald (57), su suegra Elena Arreche (86) y sus hijas Celina (26) y Adriana (24).

En el juicio oral que se hizo en 1995 admitió que estaba “abrumado” por los maltratos en su hogar. Y no demostró arrepentimiento. “Lo siento por mi hija más chica, que fue a la que menos le dí y de quien más recibí”.

En las primeras horas posteriores a los asesinatos intentó desviar las investigaciones y presentó el caso como un intento de robo. A los pocos días, acorralado por las evidencias, confesó ante un comisario platense. “Fui yo”, le dijo al oficial sentado en el despacho.

Ricardo Barreda había aparecido en el hospital de Pacheco, en 2017.

En 1995 fue condenado a reclusión perpetua por triple homicidio calificado por el vínculo y homicidio simple. “Me gustaría ir al cementerio a dejarles unas flores”, admitió en una entrevista con Clarín, mientras cumplía la condena en la Unidad 9 de La Plata. Allí siempre tuvo una conducta ejemplar. Charlaba con los compañeros de pabellón y comenzó a estudiar Derecho. Cada tanto lo trasladaban a la Facultad de Ciencias Jurídicas de la UNLP, para las pruebas finales.

En esa prisión conoció a Berta “Pochi” André, una docente jubilada que primero iba a visitar a un familiar, y luego se hizo íntima de Barreda. Se casaron y en 2008 (trece años después de la condena) obtuvo el beneficio del arresto domiciliario y se fue a vivir con su nueva pareja a un departamento de Belgrano, en Capital Federal.

El dentista pretendía entonces no provocar notoriedad. Pero dos veces le revocaron el beneficio. Una vez, por vulnerar las condiciones de la domiciliaria para ir hasta una farmacia del barrio. Lo denunciaron y volvió a una celda. Luego, retomó su vida de pareja pero lo denunciaron por maltratos “verbales” contra la maestra retirada. En 2015 su segunda esposa murió por un largo deterioro neuronal, mientras su marido permanecía otra vez en prisión.

En los últimos días de diciembre de 2015 Barreda obtuvo la libertad condicional. Pero ya no tenía dónde vivir. Le prestaron una finca en la zona norte del GBA y se recluyó unos meses. Hasta que en mayo de 2016 la Justicia consideró “extinguida la pena” y ya no tuvo que dar más explicaciones por su acción delictiva.

Berta André, la última pareja de Ricardo Barreda.

Pero quedó hundido en la miseria. Los bienes (la propiedad de la calle 48 y otra casa en Mar del Plata) nunca se los restituyeron y casi no tenían forma de obtener ingresos. Con la pensión que le pagó el Estado alquiló una habitación en el Hotel España de San Martín. Estaba harapiento y sucio. Así lo veían en la cola del Banco Nación de esa ciudad.

Una imagen reciente de Ricardo Barreda, el femicida que murió este lunes a los 85 años.

En agosto del año pasado se accidentó cuando cayó de una escalera en la estación Roca del FFCC. Había viajado a La Plata para ver a su abogado, Eduardo Gutiérrez, quien lo patrocinó en los prolongados litigios con el fuero penal.

Fue el principio de un intenso deterioro que terminó con un decaimiento físico generalizado. En las últimas horas, los médicos del hogar para ancianos le pusieron una sonda por complicaciones derivadas del “agrandamiento de la próstata”. El último mensaje de texto que le envió el geriátrico a Martí dijo “se está descompensando”. Horas despúes le comunicaron su muerte.

Fuente CLARIN

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