El bolsón

“ESTÁBAMOS RODEADOS DE FUEGO, ERA MORIR CALCINADOS O TRATAR DE SOBREVIVIR”

“Yo estaba revocando una pared, jamás me iba a imaginar lo que pasó, fue rapidísimo, a lo lejos empezamos a ver humo, en ese momento estaba muy lejos el incendio. Cuando vi el atardecer, se puso todo naranja, pero no me imaginé que el fuego estaba ahí.

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Mi vecino pasó corriendo y me gritó: ‘Se viene el fuego, salgamos ya’. Yo estaba sola con los dos nenes, él me dijo: ‘Agarrá las cosas de valor que tengas, nos tenemos que ir ya’. Es tan desesperante ese momento que no sabés qué agarrar. Junté ropa en un bolso, el fuego estaba ahí nomás, avanzaba muy rápido, nos subimos a la chata y arrancamos.

Cuando llegamos a una curva nos encontramos con el fuego, no podíamos pasar, dimos marcha atrás, bajamos de la chata y empezamos acorrer para arriba y apareció otra vez el fuego; bajamos corriendo, fuimos a la casa del vecino donde había una pileta de lona, el fuego nos encerraba porque venían incendios de los dos lados. Estábamos rodeados de fuego, era morir calcinados o tratar de sobrevivir en la pileta que era la única que quedaba, las otras ya estaban derretidas.

Agarré a los nenes, nos tiramos en la pileta, era fuego por todos lados, sacamos una chapa que había atrás de la pileta, hicimos como una burbuja con esa chapa, pensábamos que nos íbamos a morir. El fuego iba abrazando la pileta, como remolinos de fuego, el calor y el humo eran muy fuertes. Metíamos la cabeza abajo del agua y salíamos solo para respirar. Los nenes gritaban: ‘mama, nos vamos a morir’, yo colapsé en un momento, también pensé que íbamos a morir y mi vecino no perdía las esperanzas. Estuvimos así como dos horas, siempre con humo y lenguas de fuego al rededor.

Con la poca batería que nos quedaba en un teléfono llamamos a defensa civil para decirle dónde estábamos, pero como nunca vinieron a hacer un croquis del barrio no sabían ubicarnos. Nos estábamos muriendo, los nenes se me iban a morir asfixiados porque la respiración se nos empezaba a reducir, el agua era hollín. Llamamos tres veces desde adentro de la pileta y nos decían que ya habían derivado el mensaje.

Mi vecino llamó a su compañera que estaba en El Bolsón y le dijo donde estábamos. Mi compañero nos estaba buscando por todos los centros de evacuados y le decían que ya habían evacuados a todas las personas. Ni siquiera sabían qué cantidad de gente había porque nunca bajaron a ver si acá había quedado alguien.

Pasó un rato más y vimos a mi compañero que estaba con un amigo, empezamos a gritar ‘ayuda’ todos juntos, los chicos nos escucharon y a los 20 minutos aparecieron envueltos en unas frazadas mojadas, pasaron por el medio del fuego. Todo era una locura. Gritaban ‘me quemo’. Cuando los vimos fue una esperanza de vida y empezamos a estudiar por dónde salir porque era tanto el humo que nos asfixiaba.

Estuvimos media hora más ahí hasta que apreció la compañera de mi vecino con el hermano y dijeron: ‘Nos tenemos que ir ya como sea o nos morimos en el intento’. Tenía dos camperas, tapé a mis hijos, los llevamos a upa. Yo estaba toda mojada y sentía como que el fuego se me pegaba en el cuerpo. Caminamos por el arroyo porque las piedras estaban calientes pero no se prendían y cruzamos por ahí.

Cuando llegamos arriba arrastrándonos por el piso eran las 11 de la noche y salimos a la ruta, era todo fuego, como una película del fin del mundo, silencio, oscuridad, fuego por todos lados, no veíamos nada. Encontramos a un hombre que era voluntario y le dijimos ‘por favor sácanos de acá’, era un infierno. Llegamos al Bolsón y nos llevó hasta los bomberos, ahí nos asistieron, nos dieron agua, ropa y nos derivaron al hospital de El bolsón”.

Nadia, una vecina de la Comarca Andina cuenta el infierno que vivió con sus hijos y un vecino, perdieron todo y se salvaron de milagro.


Revista Cítrica Foto: Euge Neme