El futbolista Emiliano Sala estaba “profundamente inconsciente” luego de ser envenenado por los gases tóxicos que inhaló antes de morir por fuertes golpes en la cabeza y el pecho en la caída de una avioneta en 2019. Así lo determinó un jurado británico este jueves.
El argentino murió el 21 de enero cuando la avioneta monomotor que lo llevaba desde la ciudad francesa de Nantes a Cardiff, Gales, se estrelló en el Canal de la Mancha. El delantero había arreglado su vínculo con el club que actualmente milita en el Championship, segunda división del fútbol inglés.
Tras la investigación, el jurado en la corte de Bournemouth, Inglaterra, determinó que el piloto, David Ibbotson, a cargo de trasladar a Sala, no tenía las aptitudes, ni aprobaciones para volar de noche. El piloto tuvo problemas, la avioneta se estrelló contra el mar y se desintegró.
Se llevó a cabo una búsqueda para encontrar el cuerpo de ambas personas. El cadáver de Ibbotson nunca apareció, mientras que la familia del futbolista contrato una búsqueda privada y el cuerpo de Sala fue hallado el 6 de febrero de 2019.
Pruebas de toxicología posteriores encontraron altos niveles de monóxido de carbono en la sangre de Sala que podrían haber causado una convulsión, pérdida del conocimiento o un ataque al corazón. Luego, el patólogo Basil Purdue afirmó que el argentino perdió el conocimiento producto de un grave envenenamiento por la acumulación de monóxido de carbono dentro de la cabina debido a que el avión tenía un defectuoso sistema para diluirlo.
Además, el especialista señaló que el santafesino estaba “profundamente inconsciente’’ previo a que el avión se precipitara, pero que estaba con vida al momento del impacto y que la causa de su muerte fueron fuertes goles en su cabeza y en el pecho.
En este marco, el piloto y empresario David Henderson administraba la aeronave a nombre de su dueño y se encargaba de programar los vuelos, pilotos y mantenimiento. Sin embargo, no era el operador legal de la misma.
Henderson fue el encargado de organizar el trágico vuelo ilegal sin papeles, seguros, permisos ni licencias. Se suponía que él iba a pilotar el avión, pero no estaba disponible, estaba de vacaciones en París, y organizó todo para que Ibbotson lo remplazara.
El empresario fue sentenciado en noviembre a 18 meses de prisión. En un fallo mayoritario, se le encontró culpable por poner en peligro la seguridad de una aeronave.
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