Con pruebas fehacientes en la mano, se concluye que dormir mal altera el estado de ánimo, concluyó un estudio publicado por la Asociación de Psicología de EEUU.
Con pruebas fehacientes en la mano, se concluye que dormir mal altera el estado de ánimo, concluyó un estudio publicado por la Asociación de Psicología de EEUU. Es un problema muy generalizado en el mundo actual.
La falta de sueño descalabra las emociones
Parodiando a Shakespeare: “Dormir o no dormir… esa es la cuestión! Una expresión que calca un dilema tácito de nuestra época. Horas de la noche, madrugadas en que permanecemos con los ojos abiertos, ya que hemos despreciado el acto de dormir.
En otras épocas (Edad Media, antigüedad) el momento de dormir era respetado. Fuera de occidente (el budismo, la cultura zen) consideran el descanso como algo importante. Nosotros, en cambio, damos relevancia al quehacer y la actividad.
¿Consecuencia de lo anterior? En Occidente — desde la Revolución Industrial — la gente trabaja mucho y descansa poco. Ese descanso es etiquetado como una pérdida de tiempo, causando que la gente se desvele y prefiera mantenerse despierta.
La Asociación de Psicología de EEUU recopiló información de pacientes, con trastornos de sueño, durante 50 años. Es una muestra significativa, que demuestra que las generaciones recientes han extraviado el hábito de dormir lo suficiente.
– Este estudio evidencia que más del 30% de los adultos, y un 90% de los adolescentes, no duermen la cantidad adecuada de tiempo.
– En total, se repasaron los casos de 5.715 personas con alteraciones del sueño. En varios casos, se pidió que los participantes suspendiesen el acto de dormir durante una noche, o más.
– Los participantes tuvieron los siguientes síntomas: ansiedad, aumento de frecuencia cardíaca y más preocupación por cualquier asunto.
– Aumentaron los estímulos emocionales: cualquier suceso, hace explotar mal humor o depresión.
– El cerebro pierde capacidad de accionar, por lo que las emociones quedan libres, sin el balance racional que pueda contenerlas.
– Hay una falta de atención en quienes padecen de sueño escaso. Poca capacidad para concentrarse, ocasionando estallidos de malestar o tristeza cuando no entienden algo.
– Mucho movimiento nervioso: ocasionado para mantenerse despierto, el cuerpo tiende a moverse. Caminar, frotarse la cara, bostezar, movimientos repetitivos… Esto tiene como secuela una forma de ansiedad muy extenuante.
Finalmente, este estudio demuestra que la población actual padece este nerviosismo y desbalance emocional desencadenado por las pocas horas de sueño. Se suma el exceso de bebidas como el café y otros estimulantes que complican este escenario.
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