En los últimos años, el consumo de agua con gas ha aumentado como alternativa saludable al agua común y a los refrescos. Sin embargo, su efervescencia y sabor ligeramente ácido generan dudas sobre sus consecuencias para la salud dental, según reportó Women´s Health.
¿Realmente esta bebida puede dañar el esmalte de los dientes? La evidencia científica y las recomendaciones de la Asociación Dental Americana ofrecen varias respuestas, especialmente al comparar la versión simple con la saborizada.
El agua con gas, también conocida como soda, se obtiene añadiendo dióxido de carbono (CO₂) al agua bajo presión, lo que da como resultado la formación de ácido carbónico, el cual es el responsable de las burbujas y del leve sabor ácido de la bebida.
Si bien existen aguas minerales carbonatadas de forma natural, la mayoría de las marcas comerciales utilizan CO₂ artificial. Aunque el proceso aumenta la acidez, el nivel sigue siendo inferior al de los refrescos.
Algunos expertos y consumidores se alarman porque el CO₂ está presente también en bebidas azucaradas. Sin embargo, el mayor daño de los refrescos proviene de los azúcares, que en la boca se convierten en ácidos agresivos para el esmalte dental.
La acidez o pH de una bebida es fundamental para medir su efecto sobre los dientes. El agua del grifo suele estar entre 6,5 y 8,5, mientras que el agua con gas simple ronda un pH de 4 a 6. Los refrescos y aguas saborizadas pueden llegar a niveles mucho más ácidos, entre 2,5 y 3 de pH.
Vale destacar que el esmalte dental comienza a debilitarse por debajo de un pH de 5,5. Por ello, los refrescos presentan un alto peligro, mientras que el agua con gas simple, aunque más ácida que el agua sin gas, rara vez llega a ser un problema si se bebe en forma ocasional.
Women’s Health señala que el daño causado por el agua con gas sin sabor es mucho menor al de otros productos azucarados o muy ácidos.
Investigadores de la Asociación Dental Americana desarrollaron un estudio sumergiendo dientes en seis tipos de líquidos durante 24 horas (simulación de un año de consumo habitual): refrescos sin azúcar, aguas con gas saborizadas, agua con gas simple, agua sin gas con pH bajo, agua sin gas con pH alto y refresco de cola azucarado.
Los hallazgos principales fueron:
La principal recomendación científica es preferir agua con gas simple en lugar de versiones saborizadas, ya que estas últimas pueden ser casi tan dañinas como los refrescos.
La saliva actúa como un mecanismo de protección, gracias a su pH de entre 6,5 y 7,5. Su función es neutralizar los ácidos presentes en lo que comemos y bebemos, evitando que estos dañen el esmalte de los dientes. Esta reacción natural suele ser suficiente si el consumo de bebidas ácidas no es excesivo.
Cuando se toma agua con gas simple de manera ocasional, la saliva mantiene el equilibrio y reduce el potencial daño. No obstante, con bebidas muy ácidas —como los refrescos o aguas con gas saborizadas—, esta defensa natural puede ser insuficiente.
La protección que ofrece la saliva minimiza el impacto del agua con gas sin sabor sobre los dientes.
Expertos y medios especializados como Women’s Health aconsejan:
Más allá de estas recomendaciones, una dieta balanceada, hábitos de limpieza y el consumo responsable son los pilares para evitar riesgos dentales.
Nota Infobae
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