Lo que comenzó como una protesta juvenil contra la censura digital terminó en una revuelta nacional que dejó al país al borde del colapso institucional.
El 4 de septiembre, el gobierno de K.P. Sharma Oli bloqueó el acceso a 26 redes sociales, incluyendo Facebook, Instagram, WhatsApp, YouTube y X (Twitter), alegando que las plataformas no cumplían con una nueva normativa de registro ante el Ministerio de Comunicaciones.
La medida fue interpretada como un intento de silenciar voces críticas, especialmente de los jóvenes, quienes usan estas redes para expresarse y organizarse.
Miles de jóvenes, nacidos entre 1997 y 2012, se autoconvocaron en Katmandú y otras ciudades bajo consignas como “#NepoKid” y “No Baby”, denunciando corrupción, nepotismo y falta de oportunidades. Las protestas escalaron rápidamente: se incendiaron edificios oficiales, se atacaron residencias de ministros y se rompió el toque de queda impuesto por el gobierno.
La respuesta estatal fue brutal. La policía utilizó gases lacrimógenos, cañones de agua y munición real. El saldo: al menos 25 muertos y más de 400 heridos. Amnistía Internacional exigió una investigación independiente por el uso de fuerza letal contra manifestantes pacíficos.
El Parlamento fue incendiado por manifestantes que escalaron sus muros y pintaron grafitis anticorrupción. El primer ministro Sharma Oli presentó su renuncia el 9 de septiembre, seguido por varios ministros, incluyendo los titulares de Interior, Agricultura y Juventud. Algunos funcionarios fueron atacados físicamente: el ministro de Finanzas fue golpeado, desnudado y arrojado a un río
.
El aeropuerto internacional de Katmandú fue cerrado, cientos de presos escaparon de cárceles incendiadas y no hay una figura clara que asuma el liderazgo político. La protesta, descentralizada y sin partidos detrás, sigue activa pese al levantamiento del bloqueo digital.
El ministro de Finanzas de Nepal, Bishnu Prasad Paudel, fue víctima de una agresión brutal durante las protestas masivas que sacuden al país. En medio del caos desatado por la censura digital y la corrupción, manifestantes lo persiguieron, golpearon, desnudaron y lo arrojaron al río Bagmati en plena vía pública.
Videos que circularon en redes sociales muestran al ministro intentando huir mientras es atacado por una multitud.
En un momento, lo despojan de su ropa y lo lanzan al agua, en un acto que simboliza el repudio popular hacia la clase política.
Este episodio se convirtió en uno de los más impactantes de la revuelta, junto con el incendio del Parlamento y la renuncia del primer ministro KP Sharma Oli.
La violencia se extendió a otros funcionarios: residencias oficiales fueron incendiadas, ministros resultaron heridos, y algunos tuvieron que escapar en helicópteros o por rutas fluviales para evitar ser capturados
la juventud digital encendió la mecha de una revuelta histórica contra la censura y la corrupción.
Los manifestantes se toman selfies y celebran en el Singha Durbar, sede de los diversos ministerios y oficinas del gobierno de NepalNiranjan Shrestha – AP
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