Las semillas de chía se han convertido en un superalimento cada vez más popular e imprescindible en muchas dietas saludables. Son pequeñas, pero muy poderosas al resultar una gran fuente de fibra, antioxidantes, ácidos grasos omega-3, proteínas y minerales.
No obstante, una pregunta común que ha todas nos ha surgido cuando comenzamos a comer chía por primera vez es: ¿hay que hidratarlas siempre antes de tomarlas?
La respuesta depende de cómo las vayas a utilizar, pero una cosa es clara: para que tu cuerpo pueda absorber y aprovechar sus nutrientes es esencial hidratarlas o triturarlas antes de consumirlas.
De hecho, conocer el proceso de hidratación, el tiempo necesario y los beneficios que supone este sencillo proceso puede mejorar su digestibilidad y potenciar sus beneficios nutricionales.
Aun sin ser obligatorio en todos los casos, hacerlo es especialmente recomendable si consumes más de una cucharadita diaria. Ya sea como base de un desayuno, en postres o simplemente mezcladas con yogur o en agua con limón, las semillas de chía hidratadas pueden ser una excelente forma de cuidar tu cuerpo ¡desde dentro!
Hidratar las semillas de chía antes de consumirlas no es sólo una cuestión de textura, sino también de salud y absorción de nutrientes.
Estas semillas tienen una enorme capacidad para absorber agua: ¡absorben hasta 10 veces su peso! Al hidratarlas, se forma un gel viscoso que facilita su digestión y mejora la absorción de sus nutrientes.
Cuando se consumen secas, especialmente en grandes cantidades, pueden resultar dañinas al absorber líquidos dentro del cuerpo. En casos extremos, esto puede causar malestar digestivo o, incluso, problemas de obstrucción intestinal en caso de no ingerir suficiente agua.
Más allá de esto, otra ventaja de consumir la chía hidratada es que ayuda a generar una sensación mayor de saciedad durante más tiempo, lo que la convierte en un buen aliado en dietas de control de peso, pérdida de peso o ayuno intermitente.
Hidratar semillas de chía es muy sencillo, no obstante, hacerlo bien es imprescindible para aprovechar todos sus beneficios.
Lo ideal es mezclarlas con un líquido (agua, leche, bebida vegetal o incluso zumo) en una proporción de 1 parte de semillas por 10 partes de líquido. Es decir, por cada cucharada de chía (aproximadamente 10 gramos), debemos añadir unos 100 ml de líquido, sea del tipo que sea.
Una vez las semillas en éste, no tendremos más que remover bien la mezcla al principio para evitar que se apelmacen y dejarlo reposar. En unos minutos podrás comprobar cómo comienzan a hincharse las semillas y formarse ese gel viscoso que comentábamos.
Es importante remover las semillas en el líquido una vez más pasados los primeros 5-10 minutos, para favorecer que el líquido llegue bien a todas ellas y evitar que, al crecer el gel, algunas semillas queden secas por dentro.
Las semillas de chía comienzan a absorber líquido en pocos minutos, sin embargo, lo ideal es dejarlas hidratar al menos 30 minutos. Si puedes dejarlas reposar durante 1 o 2 horas, ¡mucho mejor! Cuanto más tiempo de hidratación, la textura resultará más uniforme y supondrá una mayor liberación de mucílago (la sustancia viscosa), lo que potenciará sus beneficios digestivos.
Nosotras lo solemos dejar toda la noche en la nevera para preparar una clase de pudín de chía, el cual aprovechamos para acompañar con yogur, fruta, un toque de canela y frutos secos para disfrutar de un desayuno saludable y saciante.
Más sencillo todavía, podéis agregar cacao y un par de ingredientes más para disfrutar de un rico y sano pudin de chía de chocolate para desayunar o merendar. Para lo sencillo que es, ¡resulta muy nutritivo!
No es estrictamente necesario hidratar las semillas de chía, pero sí que es interesante por las razones que te contábamos antes.
Si las añades en pequeñas cantidades a batidos, yogures o ensaladas y consumes suficiente líquido a lo largo del día, no suele suponer un problema. Sin embargo, si vas a consumir una porción mayor o quieres aprovechar al máximo sus propiedades, lo más recomendable es hidratarlas previamente siempre durante unos minutos por lo menos, aunque no llegues al ideal de media hora.
Ten en cuenta también la diferencia en cuanto a la textura de la chía hidratada y seca. Mientras que la chía seca es crujiente, la hidratada resulta suave como un gel o pudín.
Depende lo que te guste y el toque que quieras añadir a tus recetas, este puede ser otro factor que te ayude a decidirte sobre si hidratarla previamente merece la pena o no.
¿Nuestro consejo? Siempre hidratada. 😉
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