El presidente de Estados Unidos acelera su ofensiva contra el gobierno venezolano con una estrategia que apunta a debilitar el corazón económico del chavismo. La Casa Blanca evalúa nuevas restricciones al sector petrolero con el objetivo de forzar una negociación que desemboque en el exilio de Nicolás Maduro, en un contexto atravesado por la política interna estadounidense y la cercanía de un nuevo ciclo electoral.
En Washington crece el debate sobre el alcance real de la política de Donald Trump hacia Venezuela y, sobre todo, sobre cómo y cuándo pretende cerrar su intervención en el Caribe, oficialmente justificada como una cruzada contra el narcotráfico. El foco del discurso sigue puesto en el llamado Cartel de los Soles, una estructura criminal cuya existencia y dimensión generan controversia incluso entre especialistas.
“Es posible que el presidente declare una victoria parcial en poco tiempo, argumentando una reducción significativa del tráfico marítimo de drogas”, sostuvo Elliot Abrams, ex enviado especial para Venezuela durante el primer mandato de Trump, en una reciente entrevista. Sin embargo, advirtió que una retirada sin la salida de Maduro sería interpretada como un revés político.
Trump parece consciente de ese costo simbólico. En declaraciones recientes, dejó entrever que su exigencia central no pasa necesariamente por un cambio inmediato de régimen, sino por el desplazamiento personal del líder chavista. La opción del exilio aparece como el escenario mínimo aceptable para la administración republicana, mientras se deja para más adelante la discusión sobre el futuro del chavismo y la eventual reapertura total del negocio petrolero a empresas estadounidenses.
La caída completa del régimen, un objetivo nunca reconocido de manera oficial, implicaría una escalada militar de alto riesgo. Analistas coinciden en que Trump no estaría dispuesto a autorizar una intervención de mayor envergadura que pueda derivar en bajas estadounidenses, un factor sensible para su base electoral. En ese marco, la presión económica surge como la herramienta preferida.
La estrategia hacia Venezuela ha ido cambiando en los últimos meses. El despliegue naval frente a las costas venezolanas marcó el inicio de una fase más visible del conflicto. Bajo el argumento de combatir el narcotráfico, fuerzas estadounidenses interceptaron y destruyeron embarcaciones que, según Washington, transportaban drogas. No obstante, la falta de pruebas públicas y las denuncias de organismos internacionales generaron fuertes cuestionamientos.
Luego llegaron las advertencias de posibles acciones terrestres, que hasta ahora no se concretaron, y un endurecimiento del discurso hacia gobiernos vecinos. Trump incluso apuntó contra Colombia, pese a que los principales flujos de cocaína con destino a Estados Unidos salen por puertos ecuatorianos, país gobernado por un aliado estratégico de Washington.
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