La manzanilla (Matricaria chamomilla L.) posee principios activos como flavonoides, ácidos fenólicos y bisabolol, que le confieren propiedades antiinflamatorias y antiespasmódicas. Estos compuestos ayudan a relajar la musculatura intestinal, reduciendo cólicos y favoreciendo una digestión más ligera. Estudios científicos, entre ellos uno publicado en Molecular Medicine Reports, respaldan su uso para disminuir la inflamación del tracto gastrointestinal y aliviar malestares leves.
Consumida en forma de infusión después de las comidas, la manzanilla facilita el proceso digestivo y puede brindar alivio en casos de gastritis leve o indigestión. Además, diversos trabajos académicos señalan otros beneficios, como su aporte al sistema inmunológico y su efecto positivo frente al estrés, la ansiedad y los trastornos del sueño.
Si bien algunas personas la incorporan al mate, los especialistas coinciden en que la infusión tradicional es la forma más efectiva de aprovechar sus propiedades. Prepararla es simple: una cucharadita de flores secas o una bolsita en agua caliente, con cinco a diez minutos de reposo.
De consumo seguro en dosis habituales, la manzanilla se presenta como una opción natural y respaldada por la ciencia para acompañar el descanso digestivo tras los excesos propios de las fiestas, siempre dentro de hábitos saludables y con precaución en casos particulares.
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