Más de 500 brigadistas trabajan en condiciones extremas, abriéndose paso con motosierras y herramientas manuales. El operativo incluye camionetas que ingresan por senderos angostos y helicópteros que arrojan agua cargada en lagos cercanos.
La situación se agravó en las últimas horas por el viento y las altas temperaturas, que reactivaron focos casi controlados y obligaron a redoblar esfuerzos para evitar que las llamas alcancen zonas habitadas.
El contexto climático es crítico: Chubut atraviesa el año más seco de la última década, con escasez de agua y temperaturas extremas que aumentan el riesgo de incendios de gran magnitud. Vecinos de localidades como Cholila y Esquel viven con angustia y se organizan para proteger sus viviendas, mientras voluntarios de otras provincias se suman a las tareas.
“Lo principal es la seguridad de los brigadistas, que están haciendo un gran trabajo. Vamos a revisar y mañana atacamos de otra forma”, explicó uno de los combatientes del fuego.
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