El Titanic se construyó durante la época dorada de los viajes por mar. El creciente número de inmigrantes que partían hacia el Nuevo Mundo y de pasajeros más adinerados que cruzaban el charco en sus viajes de placer a principios del siglo XX significaba que la competencia por el negocio de las travesías de Europa a Nueva York era feroz.
La White Star Line comenzó a construir el Titanic (y sus buques gemelos casi idénticos, el Olympic y el Britannic) en 1907. Otras compañías, como Cunard, ya tenían barcos de pasajeros populares como el RMS Lusitania y el RMS Mauretania, y el Titanic se diseñó para competir con estas estrellas del mar.
Cuando el RMS Titanic zarpó de Southampton con destino a Nueva York el 10 de abril de 1912, el mundo entero lo contempló con asombro: era el transatlántico más grande jamás construido y se decía que ni Dios podría hundirlo.
Más que un barco, era un símbolo flotante del lujo extremo, el poder económico y la ambición humana. Sin embargo, solo cuatro días después, una colisión con un iceberg lo condenó a convertirse en la mayor tragedia marítima de todos los tiempos.
Más de un siglo después, la historia del Titanic sigue presente en nuestro imaginario, pero… ¿Era todo como nos han hecho creer?
©Ralph White/CORBIS/Corbis via Getty Images
La empresa tardó cuatro años en construir el Titanic en los astilleros Harland & Wolff de Belfast (Irlanda del Norte). Los costos fueron elevados en aquella época: alrededor de 1,5 millones de libras (7,4 millones de dólares) en total, o 147 millones de libras (192 millones de dólares) en dinero de hoy.
Gracias a sus 16 compartimentos (conocidos como mamparos) que podían cerrarse para evitar inundaciones, el Titanic fue diseñado desde el principio para ser insumergible e irónicamente era uno de los barcos más seguros a flote.
@Library of Congress/Public domain
El costo de la creación del Titanic no fue solo material. Ocho trabajadores
murieron entre la colocación de la quilla y su primera botadura, y se
registraron 246 heridos durante su construcción. El casco del Titanic, de
26.000 toneladas, se lanzó el 31 de mayo de 1911 listo para ser equipado,
añadiéndosele posteriormente la hélice.
@Topical Press Agency/Getty Images
A pesar de muchos contratiempos, el RMS Titanic zarpó en su viaje
inaugural el 10 de abril de 1912 desde Southampton. El Titanic hizo dos
escalas antes de dirigirse al Océano Atlántico, haciendo escala en
Cherburgo, en el norte de Francia, y en Queenstown (ahora llamada Cobh),
en el condado de Cork, Irlanda.
El Titanic tuvo un encontronazo antes de encontrarse con iceberg, te lo
contamos en las siguientes imágenes.
Ralph White/CORBIS/Corbis via Getty Images
Aunque en aquella época el RMS Titanic era el barco más grande a flote, su atractivo no se limitaba a su tamaño: una vez a bordo, los pasajeros se debieron de quedar asombrados con los interiores del barco. La gran escalera de primera clase (foto) era una de las más suntuosas del mar y tenía un techo con cúpula de hierro forjado y cristal y paneles de roble. Aquí es donde se encuentran los protagonistas de Titanic en la
fatídica noche, ¿te acuerdas?
Primera clase: restaurante a la carta
White Star Line/Public domain/via Wikimedia Commons
Por un coste adicional, los pasajeros de primera clase también podían reservar para cenar en el íntimo
restaurante a la carta del restaurador Luigi Gatti, apodado el “Ritz”. Gatti trabajaba antes en el lujoso
restaurante Imperial de Oddenino, en Regent Street, Londres pero, por desgracia, aceptó encargarse de
este restaurante exclusivo.
El elegante espacio estaba totalmente enmoquetado, con paredes revestidas de nogal francés y
ventanales. Las pequeñas mesas estaban iluminadas por lámparas de cristal y los comensales podían
comer a cualquier hora entre las 8 de la mañana y las 11 de la noche, lo que lo convirtió en una elección
popular.
©World History Archive/Alamy Stock Photo
Las opciones para los huéspedes de primera clase no acababan ahí. En la foto, el café Veranda y el Palm Court, el lugar perfecto para tomar el té de la tarde.
El Café Parisien era otro lugar, diseñado para ofrecer a los pasajeros de primera clase vistas al mar mientras cenaban, el primero de su clase.
La noche en que se hundió el Titanic, el menú incluía ostras, paté de foie gras y eclairs de chocolate, también llamados petisús, relámpago o palo de jacob. Se trata de un un bollo fino o dona hecho con una pasta muy ligera.
©Robert John Welch/Public domain/via Wikimedia Commons
Aunque la lujosa comida formaba parte de la experiencia de los pasajeros de primera clase, también se tenían en cuenta la forma física y el bienestar. Los pasajeros podían quemar calorías en el gimnasio de última generación, que aparece en esta imagen coloreada.
Disponía de máquinas de ciclismo, un caballo y un camello eléctricos, y una máquina de remo. Incluso había una pista de squash bajo cubierta.
©Granger Historical Picture Archive/Alamy Stock Photo
Los baños turcos eran el colmo del lujo para la época. Los pasajeros de primera clase podían visitar la suite de inspiración morisca por el precio de $1 al día.
Las instalaciones incluían una sala de vapor, una sala caliente, una sala de enfriamiento, una sala templada y un nuevo y excitante invento, camas eléctricas que calentaban el cuerpo mediante lámparas.
©Library of Congress/Public domain/via Picryl
Esta sala de fumadores de primera clase del RMS Olympic (en la foto) habría sido similar a la del Titanic. Mientras las damas se retiraban a la sala de lectura y escritura después de comer -tenían prohibida la entrada-, los pasajeros varones iban a la sala de fumadores para jugar a las cartas y tomar whisky.
Pero, ¿cómo eran las habitaciones de los pasajeros? Te lo contamos en la siguientes imágenes.
©George Rinhart/CORBIS/Corbis via Getty Images
Esta cómoda sala de lectura y escritura era el lugar donde las damas de primera clase se retiraban después de cenar, y las que deseaban escribir a sus seres queridos en casa disponían de artículos de papelería de la White Star Line. También se podían tomar libros prestados del salón contiguo.
©Public Record Office of Northern Ireland/R Welch/Public domain/via Picryl
Las habitaciones más caras a bordo eran las cuatro suites de salón situadas en la cubierta B. Cada una tenía un salón, dos dormitorios, dos vestuarios y un cuarto de baño y aseo privados. Ofrecían lo último en electrodomésticos modernos, incluidos teléfonos y calefactores.
©Robert John Welch/Public domain/via Wikimedia Commons
Dos de las suites del salón fueron ocupadas por J Bruce Ismay, presidente de la White Star Line (más adelante te contaremos más sobre él). La suite de la foto, B-58, fue ocupada por la familia Baxter, de Montreal (Canadá), que embarcó en Cherburgo.
La Sra. Baxter era viuda y viajaba con su hija Mary Helene y su hijo Quigg (que también había llevado a bordo a su novia Berthe Mayne). Trágicamente, Quigg se hundió con el barco.
©Public Record Office of Northern Ireland/R Welch/Public domain/via Picryl
Los que se alojaban en una de las cuatro suites de salón tenían acceso a uno de los dos paseos interiores privados. Éstos medían unos 15,2 metros de longitud y tenían un diseño Tudor de madera. Estaban a ambos lados del Titanic, ofreciendo vistas exclusivas.
©Bedford Lemere & Co/Public domain/via Wikimedia Commons
Los que viajaban en segunda clase disfrutaban de instalaciones similares a las de primera clase de otros transatlánticos. La mayoría de los camarotes de segunda clase tenían literas.
Esta habitación de la foto es del RMS Olympic y habría sido como los camarotes del Titanic. Estos camarotes eran cómodos para la época y a menudo tenían un escritorio o un pequeño sofá además de camas.
©R Welch/Public domain/via Wikimedia Commons
Al igual que en primera clase, los pasajeros de segunda tenían acceso a ascensores, como éste del RMS Olympic. Aunque no eran tan extravagantes como los de primera clase, que tenían incluso sofás en los que reclinarse, ahorraban a los pasajeros el esfuerzo de tener que subir las escaleras entre las cubiertas.
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