Corría la década de 1940 en Zapala, un pueblo que había crecido al calor del ferrocarril, la explotación ganadera y la incipiente actividad comercial. La llegada del tren en 1913 había conectado a la región con Neuquén capital y Buenos Aires, permitiendo el arribo de comerciantes, inmigrantes y políticos que, con el tiempo, empezarían a tejer un entramado de poder difícil de desarmar. En ese escenario, el municipio era el campo de batalla para quienes buscaban controlar los recursos y la administración local.
En Zapala, dos partidos vecinales se disputaban el gobierno municipal: el Partido Demócrata Comunal (PDC) y Concentración Popular (CP). Lo que para algunos era una simple contienda electoral, para otros era una guerra sin cuartel. La violencia política era una constante en el país y Neuquén no era la excepción.
En los años previos ya se habían registrado asesinatos con motivaciones políticas, como el del periodista Abel Chaneton en 1917, y el de Emilio Pessino en 1930 en Chos Malal.
Martín Etcheluz, periodista y fundador del diario La Voz del Territorio, era una figura central en el PDC. Se había convertido en un feroz crítico de sus adversarios y no dudaba en usar su pluma como un arma contra sus enemigos. De espíritu combativo y temperamento explosivo, su apodo era “El Lince”, y su presencia en la arena política generaba tanto lealtades como odios irreconciliables.
El mayo de 1940, la tensión política en Zapala se respiraba en el aire. En la estación de ferrocarril, donde el tren de las 15:10 llegaba con pasajeros y encomiendas, se produjo un enfrentamiento que marcaría el principio del fin para Etcheluz.
El periodista protagonizó una discusión acalorada con José Carro, un transportista y militante de Concentración Popular. La disputa, iniciada con gritos y golpes, terminó con bastonazos y la intervención policial. Sin embargo, el incidente no fue solo una pelea de dos hombres con viejas rencillas: era un síntoma de la fractura política de Zapala.
La prensa de Neuquén capital no tardó en aprovechar el episodio. El diario La Cordillera tituló: “Zapala bajo la violencia y el terror”, denunciando que la ciudad estaba sumida en un clima de amenazas y caos, donde la política se resolvía con puñetazos y armas.
Días después, en un nuevo altercado, Elías Sapag, comerciante y figura de Concentración Popular, sacó un revólver en plena estación para defenderse de un ataque con cuchillo. Según testigos, Etcheluz observó la escena a pocos metros. Aunque en ese momento no participó directamente, la batalla política se intensificaba y el peligro crecía para todos los implicados.
En abril de 1940, se celebraron elecciones municipales. La contienda estuvo marcada por maniobras turbias y viejas prácticas de la política argentina. El Partido Demócrata Comunal, encabezado por Etcheluz, logró imponerse por un estrecho margen, pero la victoria no fue limpia.
En la noche previa a los comicios, militantes de Concentración Popular secuestraron a varios votantes del PDC, llevándolos en camión hasta #PicúnLeufú, una zona aislada a kilómetros de Zapala. Cuando los hombres fueron hallados, dos días después, todavía masticaban la resaca de una noche de alcohol y asado. Este tipo de tácticas, aunque brutales, eran comunes en la época, donde la política se resolvía con más engaños y trampas que discursos.
El clima de tensión no se disipó tras las elecciones. En la prensa, Etcheluz y sus adversarios cruzaban denuncias de corrupción, amenazas y clientelismo. A pesar del triunfo electoral, su suerte estaba echada.
El 13 de abril de 1942, Martín Etcheluz fue asesinado. Su muerte fue la culminación de años de disputas, enemistades y violencia. Si bien la versión oficial de los hechos ha quedado envuelta en el misterio y la falta de registros concretos, se sabe que su asesinato fue el resultado de la guerra política que se libraba en Zapala.
Algunos sostienen que fue víctima de una emboscada, otros creen que su asesinato fue el resultado de un ajuste de cuentas, fraguado por quienes consideraban que su influencia periodística y política representaba un obstáculo. Su muerte, al igual que la de otros referentes políticos de la época, marcó una página oscura en la historia de Neuquén.
Se abrieron expedientes, se citó a testigos, pero el crimen quedó impune.
El asesinato de Martín Etcheluz no fue un caso aislado. Fue parte de una historia más grande, donde la política y la violencia caminaban de la mano en los Territorios Nacionales. Su vida y su muerte reflejaron el fuego cruzado de la época: periodismo combativo, redes de poder, corrupción, clientelismo y disputas que solo se saldaban con sangre.
En aquellos años, en una Zapala de pioneros y caudillos, la política no se discutía en despachos ni en el Congreso. Se peleaba en las calles, en los diarios y, muchas veces, se resolvía con la muerte.
(julio de 1942):
“Murió en la única forma que el criminal pudo eliminarlo: asesinado por la espalda y a favor de la oscuridad. Hizo patria cuanto pudo, y por eso tuvo amigos sinceros que han de saber honrar su memoria.”
Como escribió Francisco Sales Torres en Frontera Neuquina (julio de 1942):
“Murió en la única forma que el criminal pudo eliminarlo: asesinado por la espalda y a favor de la oscuridad. Hizo patria cuanto pudo, y por eso tuvo amigos sinceros que han de saber honrar su memoria.”
Etcheluz, con todas sus virtudes, energía y nobles aspiraciones (y aún con los defectos que sus detractores quisieran asignarle), era un HOMBRE en toda la extensión de la palabra, y lo probó durante varios lustros de acción fecunda, valiente y tesonera. Siempre supo dar la cara cuando se trataba de servir a la patria por sobre todo interés personal, y a la comunidad, donde amigos y adversarios encontraban en él a un paladín generoso.
Si hubiera sido un vulgar ambicioso por la riqueza o la nombradía, con mucho menos trabajo lo habría conseguido actuando en escenarios más elevados que el modesto rincón fronterizo elegido. Pero eligió Zapala, y allí entregó su vida. Le sobraban aptitudes intelectuales, energía y carácter; murió en la única forma que el criminal pudo eliminarlo: asesinado por la espalda y a favor de la oscuridad. No se atrevieron a enfrentarlo de frente, porque solo y sin armas se hubiera defendido.
Su nombre se agranda con el tiempo y es bandera que aúna voluntades y orienta hacia el bien común. Aunque sufrió los embates de la intriga y la envidia, nunca vaciló en denunciar lo que consideraba un perjuicio social o la mala conducta de un funcionario. No buscaba acomodo como periodista, ni como funcionario, ni como simple ciudadano. Por eso valía, y por eso lo temían.
Un cuarto de siglo al servicio del territorio lo convierten en un luchador abatido en la flor de su vida intensa y fecunda. Las instituciones culturales que fundó o fortaleció, sus obras de divulgación, su constante servicio periodístico y su predisposición para ser útil a amigos y adversarios proclaman que Martín C. Etcheluz era un argentino al ciento por ciento.
En homenaje a su memoria, Sales Torres escribió:
“Porque con la verdad no ofendo ni temo.”
Citado en: Acontecimientos y Protagonistas de la Historia del Neuquén, Prof. Lic. Ricardo A. Koon.
Fuente: Relaciones peligrosas. Violencia política y prensa en el Neuquén territoriano: 1920-1940. De Susana Debattista y Diario patagonia press
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