El operativo de la Policía Federal Argentina (PFA) que terminó con el secuestro de una avioneta Cessna 210 con 442 kilos de cocaína en una pista clandestina del norte santafesino no es solo otro golpe al narcotráfico, sino que es la radiografía de un negocio que está mutando a toda velocidad en Bolivia –uno de los tres países de productores de cocaína junto con Perú y Colombia-, donde la captura del uruguayo Sebastián Marset dejó un vacío de poder que al menos cinco organizaciones criminales internacionales se disputan a balazos, en medio de un clima político de extrema tensión, tras la llegada al poder en noviembre del año pasado de Rodrigo Paz Pereira, que reestableció las relaciones con la DEA en ese país.
En este operativo en el norte de Santa Fe, como destacó este viernes la ministra de Seguridad Nacional, Alejandra Monteoliva, fueron claves los datos que aportó la agencia antidrogas norteamericana, y el seguimiento sigiloso en las inmediaciones del campo Don Julio que hizo la PFA.
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