A 27 años del hallazgo del cuerpo de Omar Carrasco
Indicios y presunciones sobre el brutal crimen del soldado que marcó un punto de inflexión en la historia Argentina.
El 31 de enero de 1996, el Tribunal Oral de Neuquén integrado por los jueces María del Carmen Ingelmo, Haydée Vázquez de Argüello y Eugenio Krom, condenaron injustamente al subteniente Ignacio Canevaro y a los soldados Cristian Suárez y Víctor Salazar como autores del homicidio del soldado Omar Carrasco.
Al comenzar el juicio, el Tribunal, que adhería con obediencia a la “historia oficial”, contaba solo con tres frágiles pruebas, que fueron perdiendo valor durante el juicio hasta quedar completamente desmoronadas.
Cuentan que una de las juezas sabiamente expresó: “A falta de
pruebas, buenos son los indicios y las presunciones”. Pero la injusticia
fue aún mayor porque tampoco había indicios o presunciones para
condenarlos. Estos jueces repartieron 35 años de prisión entre tres
inocentes sin tener pruebas ni indicios ni presunciones para hacerlo.
Esto es inédito y cruel.
Conozco los pormenores del Caso Carrasco. Me involucré en este tema
siendo diputado nacional y años más tarde escribí un libro sobre la
trágica historia del soldado.
No soy juez ni poseo facultades
para serlo. Pero si los jueces del Tribunal Oral de Neuquén condenaron a
tres inocentes por indicios y presunciones inexistentes, considero que
puedo aportar otra versión de los hechos en la cual los indicios y
presunciones responsabilizarían no a los condenados, sino al teniente
coronel Guillermo With.
With era el jefe del Grupo de Artillería
161 con asiento en Zapala, del cual dependía la Batería “A”. En dicha
Batería revistaba Omar Carrasco, quien había ingresado el 3 de marzo de
1994.

Tras
sufrir burlas, humillaciones y castigos por parte de sus compañeros, el
domingo 6 de marzo, al tercer día de su incorporación, Carrasco decidió
escaparse del cuartel. El soldado Gustavo Huarte fue la última persona
que lo vio. Iba corriendo, alejándose, a unos 200 metros del baño
exterior de la Batería. Luego desapareció y pasó a ser un misterio.
Como ya expresé, el teniente coronel With era el militar
de mayor jerarquía en el cuartel. Desde el 6 de marzo, día de la
desaparición, este oficial tuvo un comportamiento extraño, todo hacía
pensar que ocultaba algo. Veamos:
El domingo 6 de marzo, luego de
la desaparición del soldado, buscaron a With por todos partes para
informarle esta novedad y no lo pudieron encontrar. Era aficionado al
aerobismo, pero cuando salía a trotar o caminar siempre portaba su handy
ya que no podía estar desconectado del cuartel. Recién alrededor de las
20 lo vieron conversando y tomando mate en el jardín de su casa con el
teniente coronel Terrado.

Omar Carrasco.
Aquel
6 de marzo, el jefe de la Batería A, el capitán Correa Belisle, estaba
de vacaciones y era reemplazado por el teniente Verón, a quien le
correspondía hacer el parte diario. Pero esa noche, With decidió
realizarlo él mismo, a pesar de ser una función que no le correspondía.
Pero no lo firmó. Falsificó la firma de Correa Belisle, escribiendo
solamente “Correa”. Al ser un apellido compuesto, siempre se firmaba con
los dos apellidos. Puso el sello del capitán, donde se podía leer
Rodolfo Correa Belisle, tal como este firmaba.
El parte diario de
la noche anterior había acusado 66 soldados. Lo curioso es que en el
informe confeccionado por With también figuraban 66 soldados. Debía
decir 65, pero decía 66. With nos enviaba un mensaje: en algún
escondrijo del cuartel se encontraba Carrasco.

Los padres de Omar Carrasco.
El
21 de marzo, Francisco Carrasco, padre de Omar, se entrevistó con el
teniente coronel With para conocer el paradero de su hijo. Fríamente,
With le relató que el domingo 6, a las 16.30, el soldado había
desaparecido del cuartel. Don Francisco le reprochó la falta de
comunicación con la familia y la única respuesta fue que todo estaba en
manos de la Policía Federal.
Francisco salió de la entrevista
lleno de indignación e incertidumbre. Concurrió al Distrito Militar
donde se le recomendó volver al cuartel y hablar con With. Al día
siguiente, regresó a la guarnición militar con su hermana, la tía Sara,
pero With no los recibió. Entonces fueron a un medio periodístico e
hicieron pública su situación.
El 24 de marzo With no le permitió
al comisario Palacios (Policía Federal), investigar dentro del cuartel,
ya que tanto en Zapala como en Cutral Co la búsqueda estaba agotada. Al
día siguiente, el 25 de marzo, tampoco le permitió al comisario Pizarro
(Policía Provincial) investigar dentro del cuartel ya que el
rastrillaje en los alrededores, inclusive con avionetas y helicópteros,
había arrojado resultados negativos.
Ante la difusión del caso a
través de los medios, la sociedad comenzó a movilizarse y como
consecuencia, Inteligencia Militar se puso en acción.

Marcha en reclamo por el esclarecimiento del caso.
El
25 de marzo, el Comando de la VI Brigada con asiento en Neuquén, envió
al teniente coronel Raúl José a entrevistar a los soldados Suárez y
Salazar y al Sargento Sánchez, por lo que se supone que la “historia
oficial” comenzaba a elaborarse. La lectura que hago de esta invasión de
Inteligencia Militar es que el Ejército se hacía cargo del asunto.
En
esos días, el teniente coronel Jordán, miembro de Inteligencia de la VI
Brigada, se entrevistó con el comisario Palacios de la Policía Federal y
ya comentaban que estaban buscando un cadáver.
With solicitó al
juez Caro tramitar un helicóptero para el día 31 de marzo sugiriendo que
desde el aire se podrían divisar prendas u otros elementos que podrían
pertenecer a Carrasco. Todo hace suponer que With quería buscar el lugar
indicado para depositar el cadáver.
El día 6 de abril, With le
ordenó a Correa Belisle realizar un rastrillaje. Al preguntarle qué se
estaba buscando, el coronel le contestó: “Un muerto”. “¿Qué?”, volvió a
interrogar Correa Belisle, “Un muerto”, fue la respuesta de With.
Efectivamente,
el capitán Correa Belisle encontró el cadáver en la ladera del Cerro
Gaucho donde recientemente había sido depositado. Todavía no había sido
atacado por las alimañas y ni siquiera por las hormigas de un gran
hormiguero que se encontraba a 2 metros del cuerpo, según la observación
de un soldado.

Durante
el hallazgo, With no permitió que el fotógrafo de la Policía Federal
tomase imágenes de las huellas, aún frescas, del Unimog y del carro
destinado a transportar la basura con el que seguramente se había
trasladado el cuerpo a ese lugar. La Justicia nunca llamó a declarar al
conductor del Unimog.
La muerte del soldado Carrasco, no fue una
muerte cualquiera en un cuartel. Estuvo involucrado el Ejército.
Cualquier persona podría haberlo asesinado, pero no cualquier persona
podría ocultar su cadáver en el cuartel durante un mes. Con seguridad,
soldados, sargentos o subtenientes no podrían hacerlo, pero sí podría
hacerlo el teniente coronel With, como jefe del Grupo de Artillería y
apoyado por Inteligencia Militar.

Transcurrieron
27 años de esta injusticia. Para ocultar esta ignominia, las Fuerzas
Armadas optaron por entregar el Servicio Militar Obligatorio. Esto era
algo políticamente muy importante para ellos, ya que con la tropa
ocupaban el país cuando así lo dispusieran.
Los condenados ya
están libres y rehicieron sus vidas. No sé dónde se encuentra el
teniente coronel With pero me gustaría que públicamente exprese su
verdad y de ser necesario se disculpe ante Ignacio Canevaro, Cristian
Suárez y Víctor Salazar.

Ignacio Canevaro.
Por Víctor Peláez, ex diputado nacional y autor del libro “Carrasco. El soldado que hizo historia”
Fuente:www.lmneuquen.com/








