San Martín de los Andes: Pasaron 32 años de la desaparición de Natalia Ciccioli

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Este 16 de enero se cumplen 32 años de la desaparición de Natalia Ciccioli, la adolescente que salió de su casa en el barrio El Arenal en 1994 y nunca más regresó. Su ausencia marcó para siempre a la comunidad, que aún hoy reclama respuestas y justicia.

Natalia tenía 12 años cuando desapareció. Ese día salió rumbo al centro de la ciudad y nunca volvió. La familia denunció inmediatamente la situación, pero las investigaciones iniciales fueron insuficientes. Con el tiempo se realizaron rastrillajes, excavaciones y búsquedas en lagos y ríos, sin resultados positivos.

Su madre Mirta y su hermana Sonia, junto a vecinos y organizaciones, mantienen cada año acciones de memoria y visibilización para que el caso no quede en el olvido. “Natalia Ciccioli, presente; ahora y siempre” es la consigna que se repite en cada aniversario.

El caso transformó a San Martín de los Andes, dejando una herida abierta y un reclamo constante hacia el Estado y la Justicia. La desaparición de Natalia es recordada como un símbolo de las deudas pendientes en materia de derechos y protección de las mujeres.

“Naty es una herida que no cierra y que no va a cerrar nunca” afirmo Mirta Acosta, madre de Natalia Ciccioli. La voz de Mirta Acosta ha sido clave para mantener vivo el caso Ciccioli. Sus entrevistas no solo transmiten el dolor de una madre, sino también la exigencia de que el Estado cumpla con su deber de investigar y dar respuestas.

En una entrevista recordó lo sucedido ese día

Ese domingo (16 de enero de 1994) recuerdo que yo estaba amasando para hacer fideos y Naty me vino a pedir ayuda para cortar un jean viejo que quería convertirlo en short. Le dije que esperara que termine de hacer los fideos y ahí mi marido le ayudo. Así que se lo midieron y lo cortaron. Después se quedaron un rato deflecándolo porque quería usarlo para ir al centro. Luego de almorzar, me pidió ir al centro a tomar un helado porque en el camino solía encontrarse con su grupo de amigos. Como tenía 12 años, pocas veces la habíamos dejado ir al centro, unas tres o cuatro como mucho. Me acuerdo que vino por atrás mientras yo lavaba los platos y me abrazó y me dio un beso hermoso. Eso fue lo último que me dejó.

“Ese día, cuando no volvía llamamos a las amigas y salimos a buscarla. A las 19 fuimos a la comisaría, donde nos subestimaron porque no quisieron salir a buscarla argumentando que teníamos que esperar porque seguro que se había ido con un noviecito o por su cuenta. Al final, nos ayudaron más los vecinos del pueblo que la Policía”, recordó Mirta. Y contó que desde la fuerza se contactaron cuando el caso tuvo repercusión mediática: “A mi marido lo llamó el jefe de la policía de ese entonces para decirle que bajara los decibeles. Mi marido le dijo que iba a hacer todo lo que tuviera que hacer para encontrar a nuestra hija”. También recordó que en ese momento la Justicia tampoco se movió lo suficiente.

“Al principio me culpé, y después, cada tanto, me sigue pasando. Por momentos me culpo por haberla dejado ir sola. Hay días en los que pienso que un desgraciado se le cruzó en el camino, y al otro día me digo que si yo hubiese estado con ella, ese desgraciado no le habría hecho nada.

A partir de la desaparición jamás imaginé que iba a hacer todo lo que hice. Con mi esposo Miguel, siempre unidos por el amor, nos fuimos dando fuerzas. Cuando uno flaqueaba, el otro lo sostenía, y eso nos permitió seguir adelante.

Miguel falleció en 2018, sin haber recibido una respuesta de la Justicia.

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