La UBA llevó consultorios a Plaza de Mayo en reclamo por el financiamiento
Durante 16 horas, docentes, estudiantes y profesionales ofrecen prestaciones gratuitas: desde tratamientos odontológicos y kinesiológicos hasta controles visuales; buscan mostrar aquello que, según sostienen, pone en riesgo el deterioro presupuestario
Mariza Seguro, de 44 años, llegó a Plaza de Mayo con una molestia que venía postergando: una caries. Al encontrarse con los tráilers odontológicos de la Universidad de Buenos Aires (UBA), decidió acercarse y consultar. “Cuando vi que estaban atendiendo acá y que era gratuito, aproveché”, contó.
La escena de este martes frente a la Casa Rosada se parecía poco a la de una protesta universitaria tradicional. Allí había tráilers convertidos en consultorios, puestos de atención sanitaria, estudiantes con guardapolvos y personas que esperaban para hacerse un control. En un sector se realizaban exámenes de la vista; en otro, estudiantes de Kinesiología recibían consultas y enseñaban ejercicios.
De esta manera, desde el corazón de la ciudad y en reclamo por el financiamiento universitario, la UBA se propuso mostrar el trabajo que realiza habitualmente.
Desde las 8 de hoy y con actividades previstas hasta la medianoche, profesionales, docentes y estudiantes de distintas facultades ofrecen atención gratuita en odontología, óptica, veterinaria y clínica médica, además de orientación psicológica y asesoramiento jurídico y contable. Los 13 decanos también tienen previsto dictar clases magistrales abiertas. En paralelo, se instalaron proyectos científicos y tecnológicos desarrollados en la universidad.
“Cerrar o parar, no. Lo que hacemos es una acción proactiva, visibilizar el reclamo y, al mismo tiempo, darle una mano a la gente que tiene poca atención”, explicó Pablo Rodríguez, decano de la Facultad de Odontología de la UBA. A su alrededor, esa idea tomaba una forma concreta: la facultad había trasladado a Plaza de Mayo los tráilers que utiliza habitualmente para sus operativos territoriales. Allí, distintos profesionales realizan desde tratamientos de conducto y extracciones hasta trabajos vinculados con prótesis dentales.
Cada una de esas unidades cuenta con entre cinco y seis sillones y equipamiento que permite reproducir buena parte de la atención que se brinda dentro de la facultad. “Tenemos aparatos de rayos, turbinas y sistemas de aspiración. Podemos trabajar como trabajamos en la facultad”, describió Rodríguez. La atención durante la jornada es gratuita. “La idea es que el ciudadano reciba una atención de primera calidad”, agregó.
Los tráilers forman parte de los programas de extensión con los que Odontología realiza operativos en distintos lugares del país. Rodríguez explicó que el objetivo de esas intervenciones es que la presencia de la universidad no se reduzca a detectar una enfermedad y marcharse. “No sirve ir y decirle a alguien: ‘Tenés caries’, y después irte. Tenés que poder decirle: ‘Tenés este problema y te lo voy a arreglar de esta manera’”, afirmó. Por eso, buscan establecer acuerdos que permitan regresar a las mismas comunidades, continuar los tratamientos y controlar posteriormente a los pacientes.
A pocos metros funciona otro de los puestos que atraen gente desde la mañana. Allí, desde temprano, docentes y estudiantes de la carrera de Óptica y Contactología de la Facultad de Farmacia y Bioquímica realizaban controles visuales. El circuito comenzaba con la toma de datos y una anamnesis, continuaba con la evaluación de un oftalmólogo y, si la persona necesitaba anteojos, terminaba frente a una variedad de armazones entre los que podía elegir.
“El oftalmólogo le dice si necesita anteojos de lejos, de cerca o ambos. Una vez que finaliza eso, pasa a la parte de óptica y elige el armazón según las necesidades oftalmológicas y también según su gusto: redondo, cuadrado, de color o no”, explicó Betsabé Ollivier, profesora de esa carrera. Luego, los armazones regresan a la cátedra, donde se realiza el trabajo junto con los estudiantes. “Los calibramos y, en 48 horas, los entregamos gratuitamente”, señaló. Tanto el control como los anteojos son sin cargo.
Ese servicio tampoco nació con la protesta. Ollivier explicó que forma parte de UBA en Acción, un programa que desde hace más de 12 años lleva prestaciones a diferentes barrios. Habitualmente realizan operativos itinerantes los jueves y sábados y atienden entre 50 y 70 pacientes por intervención. Como algunas personas necesitan más de un par de anteojos, pueden llegar a confeccionar alrededor de 150 en una misma salida.
Esta vez, sin embargo, el lugar elegido tiene un significado diferente. “Hoy buscamos mostrar esto, que si se pierde el financiamiento universitario, si la universidad cae en esta crisis tan grande, esta pata va a caer”, advirtió.
El reclamo
El reclamo tiene como uno de sus ejes centrales la pérdida salarial. En las reuniones paritarias del 1° de septiembre entre el Ministerio de Capital Humano y los gremios docentes y no docentes no hubo acuerdo. Los sindicatos rechazaron un incremento del 3% ofrecido por el Gobierno. Según los cálculos de gremios y rectores, la recomposición necesaria para cumplir con la ley sería del 32%, a lo que debería sumarse la inflación de junio, julio y agosto. Rodríguez estimó, por su parte, que los salarios acumulan actualmente un atraso del 40%.
Ollivier sumó al cuadro la situación de las becas estudiantiles. Según explicó, están congeladas en $35.000 y los alumnos reciben alrededor de $28.000 en mano. “Hoy, $28.000 mensuales como beca es insuficiente”, sostuvo. La docente recordó que, aunque la UBA sea pública y no arancelada, estudiar implica gastos cotidianos. “Tenés que comprar apuntes, lapiceras, cuadernos, determinados materiales”, enumeró. Con los aumentos del transporte, agregó, el monto perdió incluso la capacidad de cubrir los viajes diarios. “Hoy esto ya no paga ni el transporte”.
En otro punto de la plaza, Rebeca Flores, de 26 años y estudiante de segundo año de Kinesiología, participaba de una tutoría kinésica. Las personas podían acercarse, explicar si tenían algún dolor o diagnóstico previo y recibir orientación sobre ejercicios, movilidad o actividad física. “Nosotros, como estudiantes, claramente no podemos diagnosticarlos porque todavía no estamos recibidos, pero sí podemos acercarles herramientas de atención primaria de la salud, que son de las primeras cosas que nos enseñan”, explicó.
Flores y sus compañeros recomendaban movimientos, caminatas y ejercicios que pudieran realizarse sin equipamiento y en sus propias casas. “A veces, mucha gente no tiene los recursos para poder ir a otro lugar”, señaló. El objetivo, explicó, es brindar herramientas sencillas que contribuyan a mejorar la movilidad y la vida cotidiana. “Son cosas que pueden hacer en su casa y que les sirven para mejorar su calidad de vida”, sostuvo.
Para ella, la actividad territorial tampoco es nueva. Como voluntaria de UBA en Acción, ya había participado de intervenciones en clubes y barrios, entre ellas, una reciente en el Barrio 31. “Hay mucha necesidad”, resumió. En esas recorridas, contó, se encuentran en ocasiones con cuadros que muestran las dificultades para acceder a una atención oportuna. Recordó particularmente a un joven con una fractura de clavícula que, según relató, había evolucionado sin un tratamiento adecuado y presentaba ya una lesión nerviosa irreversible.
La protesta se desarrolla, además, mientras continúa la disputa judicial por el incumplimiento de la ley de financiamiento universitario. El juez federal Martín Cormick, del Juzgado Contencioso Administrativo Federal N°11, rechazó un pedido del Gobierno para levantar la cautelar y lo intimó a informar y documentar su grado de cumplimiento. La medida también fue ampliada para incluir partidas destinadas a hospitales universitarios, gastos de funcionamiento y ciencia y técnica, y permanece vigente mientras se resuelve la cuestión de fondo.
En ese contexto, la UBA eligió que la protesta no implicara cerrar sus edificios. Según informaron sus autoridades, las facultades permanecen abiertas y las clases continúan con normalidad. La apuesta fue trasladar a Plaza de Mayo una muestra de aquello que, según sostienen, está en riesgo si el deterioro presupuestario continúa, no solo los salarios y las aulas, sino también la investigación y los servicios que la universidad presta por fuera de sus sedes.
Fuente Diario La Nacion
